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Ernesto Ottone: "No creo que la historia de la Humanidad sea solo de progreso"
domingo, 13 de agosto de 2017

"Resulta inútil oponerse a las corrientes profundas que mueven a la globalización, puesto que los factores de fondo que la generan son irreversibles. No habrá retroceso en el avance científico y tecnológico, pero dicho avance no es garantía de un mundo necesariamente mejor, también puede haber un giro hacia la barbarie".

"Es posible, eso sí, imaginar otra globalización capaz de disminuir la inseguridad, aumentar el bienestar, y ello no tendría por qué ser una utopía. Es algo posible si los seres humanos conjugan una voluntad política de hacerlo, voluntad que, al menos hoy, no parece evidente." (del libro "Civilización o barbarie").

Ernesto Ottone vuelve a dar a luz, pero no con memorias como fueron sus celebrados libros "El viaje rojo" y "El segundo piso". Ahora va por un ensayo sociológico-político sobre el tema que lo apasiona desde mucho antes que nadie se preocupara de él: la globalización.

"Civilización o barbarie" (Breviarios del Fondo de Cultura Económica) tendrá su lanzamiento la próxima semana en el GAM y ya está siendo traducido al francés, de acuerdo con lo que son las universidades donde Ottone se desempeña. En Chile es director de la cátedra "Globalización y Democracia" en la Universidad Diego Portales; en Francia imparte "Destinos Mundiales de América Latina" en el Colegio de Estudios Mundiales de la famosa Fondation Maison des Sciences del Homme.

Pero hay algo más de las circunstancias de este sociólogo, doctor en Ciencias Políticas y "cerebro" político del gobierno de Ricardo Lagos, que provocaron el intento de este libro. Él mismo relata que al ser incorporado a la Academia de Ciencias Sociales del Instituto de Chile, trabajó el concepto de la "acumulación civilizatoria", una construcción original que propone bases para organizar la convivencia social en estos tiempos de incertidumbre y de vertiginosa conexión mundial.

La globalización triste

-¿Qué gatilla su interés por el estudio de la globalización, anterior a que se convirtiera en "moda" entre los sociólogos?

"Las relaciones entre el proceso de globalización y el sistema democrático; los cambios que ha producido en las formas de vida de la gente, es decir, todos los aspectos no tecnológicos, sino los efectos sociales, económicos, políticos, es un tema que vengo trabajando desde los 90 en mis tiempos de la Cepal. Como fenómeno, aparece con las transformaciones tecnológicas de la comunicación, y tiene su primer efecto político con el fin de la Unión Soviética, la caída del Muro y todos los cambios en la correlación geopolítica mundial".

-Al hablar usted de "las tristezas de la globalización" queda claro por donde va su juicio del proceso.

"Tomando lo que el francés Daniel Cohen llama la fase triste de la globalización, yo miro hacia su ambivalencia. La globalización tiene cosas extraordinarias que le permiten a la Humanidad vivir mejor, y a la vez nos gatilla problemas enormes; internet puede ser tremendamente útil y a la vez una cloaca. El problema que planteo es que el crecimiento económico -tan elevado en los años 80 y 90- llega a una crisis en el 2008, y posteriormente enfrenta una recuperación muy difícil y dura. Pareciera que, a futuro, el crecimiento va a ser más lento. Hay todo un debate internacional al respecto. Y con esa realidad de menos recursos, tenemos que hacer frente a desafíos que son globales, como el cambio climático, la escasez hídrica, etc...".

-India y China están en pleno proceso de arremetida de crecimiento.

"Sí, pero una vez que los chinos y los indios lleguen al nivel de la punta tecnológica, también van a entrar en un paso más lento; lo que están haciendo es atrapar esa punta".

-¿Por qué la palabra triste...?

"Se llama triste, porque el mundo avanza lento y la desigualdad aumenta, en vez de disminuir. La pobreza baja, pero las sociedades tienden a ponerse más desiguales. En América Latina ha salido de la pobreza casi el 10% de la población; 61 millones de los 600 millones que somos. América Latina, por otra parte, ha ido en contra de la tendencia mundial, en que las brechas de la desigualdad tienden a ampliarse, lo que no quita que tenga sociedades muy desiguales. Europa es una sociedad más igualitaria y con su Estado de Bienestar histórico se defiende mejor. Pero la desigualdad en EE. UU. crece enormemente".

Síntomas de barbarización

La "razón de ser" tanto de este libro como de los desvelos de Ottone por los cabos que deja sueltos la globalización los resume el autor con el siguiente postulado: "Cómo encontrar hacia el futuro una forma de convivencia global en este mundo que se desarrolla científicamente y tecnológicamente tan rápido, y que, sin embargo, en lo social, en lo político, en las formas de vida de las personas, en los temas culturales, hay tantos desafíos, que existe la amenaza de ir hacia una barbarización, una situación de retroceso".

Pruebas al canto, enumera algunas:

-"Se multiplican los conflictos y el mundo no sabe cómo enfrentarlos: los del Medio Oriente; en Europa; entre Rusia y Europa. Qué hacer ante una situación que parece bufonesca y peligrosa como la de Corea del Norte. En América Latina está el conflicto de Venezuela".

-"El número de refugiados aumenta y las democracias más sólidas, las europeas, comienzan a tener problemas de xenofobias y aparición de partidos nacionalistas, monstruos que creíamos apaciguados en la historia de la Humanidad".

-"El terrorismo ha pasado a ser un hecho con el cual convivimos. En Europa se vive sabiendo que puede haber un acto terrorista en cualquier momento, porque hay las condiciones tecnológicas para hacerlo. Antes eran guerras entre países y ejércitos. Desde las Torres Gemelas hacia adelante, nadie está a salvo. Es un mundo que ha cambiado enormemente, y lo político hay que pensarlo de manera distinta".

-Otra situación muy actual son los populismos.

"Y me preocupan particularmente, sean de derecha o de izquierda, en un mundo donde la mayoría de la población no vive en democracia. China no vive en democracia, gran parte de África tampoco, ni el Medio Oriente".

-El Estados Unidos de Trump es la rebelión contra la globalización. ¿Cómo lo ve usted?

"El inicio no ha sido auspicioso. Y el hecho es que Estados Unidos tiene un Presidente nacido de un pensamiento de miedo hacia el mundo, surgido de la posverdad. Mientras Obama estaba preocupado de cómo enfrentar los problemas de la multilateralidad, Trump se impone con un "América primero" y con una promesa de volver a la gran potencia. El suyo es un lenguaje rudo para un mundo en dificultades. Pero una situación igualmente amenazante es la conducción de Putin en Rusia".

Un acuerdo en las prácticas

-¿Qué significa la 'acumulación civilizatoria' que usted propone como antídoto a la barbarie y tabla a la cual aferrarse la globalización?

"Lo que planteo es llegar a algo que nos una, que sean las prácticas que han funcionado mejor en la historia de la Humanidad. Es mejor una sociedad con libertades que sin libertades; una con bienestar que sin; una sin esclavos que una con. No porque haya un principio que lo diga, sino porque son prácticas con que los hombres viven mejor. Por lo tanto, es una propuesta desde abajo. No es que descienda desde arriba, desde los principios, sino que, desde abajo, mira y descubre las cosas que han permitido que los hombres vivan mejor. Se podría decir que es un pensamiento modesto. Yo no digo que no vaya a haber conflictos; digo que haya los menos posibles. Montesquieu, que era comerciante en vino, sostenía que el comercio dulcifica las costumbres: es mejor que los países comercien a que estén en guerra. No es que yo esté planteando un salto al paraíso, sino una construcción paciente, diaria, permanente en la cual se vayan construyendo determinadas reglas aceptadas por todos, y al mismo tiempo, prácticas que sean rechazadas por todos".

-Estamos hablando de una respuesta solo posible con adhesión democrática.

"Por supuesto que tiene que ver con el espíritu de la democracia. El enemigo de la democracia es la verdad única. Porque si alguien tiene la verdad, naturalmente va a tratar de convertir al otro a su verdad. En democracia no hay una verdad, hay una construcción, una disputa, un conflicto y una forma ordenada de llevar adelante esos conflictos".

-¿Qué acumulación civilizatoria -es decir, prácticas de convivencia- podría dejar el siglo XX?

"El siglo XX nos dio dos guerras mundiales, pero también muchas otras cosas: un crecimiento sin comparación de la economía; regiones completas que eran coloniales obtuvieran su independencia. Y también las dictaduras comunista, fascista, muchas dictaduras de signo diferente. La Guerra Fría y también la creación de la ONU, la Carta de los Derechos Humanos, el reconocimiento de ciertas dignidades humanas como valores universales. Pues bien, esos valores universales hay que solidificarlos desde abajo e ir construyendo a través de la experiencia, para que la Humanidad pueda dar un paso hacia adelante. Las ciencias y las tecnologías van a seguir progresando, pero la Historia puede retroceder".

Cita el caso de Yugoslavia y sus pueblos balcánicos, donde al terminar el régimen comunista aparece un odio desenfrenado que a todo el mundo sorprendió. Y Egipto, que en los tiempos de Nasser fue capaz de surgir con la idea del renacimiento árabe y luego se sumió en el hervidero de guerra del Medio Oriente.

"Por eso lo esencial es postular que no existe la verdad, sino cuando nos ponemos de acuerdo, cuando la construimos y la aceptamos. Por ese lado veo la posibilidad de una Humanidad que avance".

''No creo que la historia de la Humanidad sea solo de progreso. Las ciencias y las tecnologías van a seguir progresando, pero la Historia puede retroceder".