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Muere Ricardo Piglia, un clásico de las letras latinoamericanas
sábado, 7 de enero de 2017

Traería nuevamente a escena al comisario Croce. El personaje, medio loco, aparecería en una serie de nuevos cuentos que preparaba para publicar este año. Al nuevo libro se sumaría la tercera parte y final de Los diarios de Emilio Renzi. Sin embargo, a seis días de iniciado el 2017, el auténtico anuncio es la muerte del autor y del lector atento que fue Ricardo Piglia. El escritor argentino falleció ayer, a los 75 años, a causa de una esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

“La muerte no hará sino confirmar a Ricardo Piglia como el clásico de nuestra lengua que ya era en vida”, apuntó en su cuenta de Twitter, el escritor nicaragüense Sergio Ramírez. “Gracias, maestro”, escribió en la red social el periodista Martín Caparrós.

Así más autores hispanoamericanos se sumaron al lamento de la partida del profesor, ensayista, y narrador, nacido el 24 de noviembre, de 1941, en Adrogué, como Ricardo Emilio Piglia Renzi. El autor había inaugurado su obra con el título de cuentos La Invasión.

“Agradezco muchísimo los premios, pero también queda cierta incomodidad. La literatura no se puede ordenar, no hay un escritor primero que el otro y los premios crean esa ilusión”, dijo Piglia a La Tercera, en 2013, luego de obtener el Premio Iberoamericano Manuel Rojas.

Y sobre la misma respuesta, con humor y rapidez, anunció desde Buenos Aires: “No tenía pensado ir a Chile, pero tenía ganas. Siempre que voy trato de visitar a Nicanor Parra, mi maestro”.

Formado, en los 60, en la carrera de Historia, en la U. de la Plata, fue por esos años que comenzó a hacerse escritor. Además se produce su primer encuentro con Jorge Luis Borges.

“Creo que Borges es vanguardista como lector mientras que como escritor quiere ser clásico”, le dijo Piglia a Roberto Bolaño en un diálogo publicado.

En sus diarios de iniciado, se pregunta: “¿Cómo se convierte alguien en escritor? No es una vocación, a quién se le ocurre, no es una decisión tampoco, se parece más bien a una manía, un hábito, una adicción…”, apuntó Piglia en el primer volumen de sus diarios, subtitulado como Años de formación, publicado por editorial Anagrama, en 2015. El año pasado apareció el segundo tomo, Los años felices, y para septiembre próximo se espera Un día en la vida.

Durante medio siglo Ricardo Piglia apuntó su vida y sus creaciones en sus cuadernos como un laboratorio de su escritura. De ahí salieron importantes libros como Respiración artificial (1980); Plata quemada (1997), que luego sería adaptada al cine por el director Marcelo Piñeyro; Blanco nocturno (2010), que obtuvo el Premio Rómulo Gallegos y El camino de Ida (2013), su última novela.

“La composición es magistral. Por una parte, un narrador cuenta en tercera persona lo que le cuenta Renzi. Por otra, los diarios propiamente dichos de Renzi, o sea de Piglia, en los que menciona muy pronto el impacto de El oficio de vivir, el diario de Cesare Pavese”, señaló Jorge Herralde, director de Anagrama.

Nos vamos

Erudito y bromista, a Piglia también se le otorgó el Premio Iberoamericano José Donoso 2005. El escritor además tuvo una destacada labor como ensayista y promotor literario. Desde títulos como Crítica y ficción, El último lector y La forma inicial hasta sus programas en la televisión pública sobre Borges y Roberto Arlt.

“Su obra me parece importantísima, es un referente de la literatura de los 70 al presente, me interesa todo lo de Piglia, como enfrenta la ficción, la no ficción, su manera de mirar, es un ensayista muy lúcido”, afirmó ayer el autor nacional Alvaro Bisama.

Luego de ejercer la docencia, por más de dos décadas, en Harvard y Princeton, EEUU, Piglia regresó junto a su mujer, la artista Martha Eguía, a Buenos Aires en 2010. “Cuesta mucho imaginar la literatura latinoamericana en Princeton sin la presencia de Piglia”, señaló Arcadio Díaz Quiñones, catedrático de Literatura Hispanoamericana en la U. de Princeton.

A su regresó a Argentina decidido a recuperar las grandes obras de la literatura de su país creó la colección Serie del Recienvenido, en el Fondo de Cultura Económica. Así editó libros de Sylvia Molloy, Miguel Briante y María Angélica Bosco.

“La enfermedad me ha hecho descubrir la experiencia de la injusticia absoluta. ¿Por qué a mí?, se pregunta uno, y cualquier respuesta es ridícula”, dijo Piglia en noviembre pasado tras cumplir 75 años. El deterioro que producía la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), afectaba las neuronas que controlan los músculos, no así su capacidad intelectual.

“Estoy embromado de salud”, decía en su último tiempo. La evolución de su estado quedó registrada en el documental 327 cuadernos, dirigido por Andrés Di Tella. El protagonista, Piglia y sus diarios, narran la historia desde que sale de su hogar en Adrogué (“Nos vamos pasado mañana. Decidí no despedirme de nadie”), hasta el hombre deteriorado, que ya dicta sus apuntes. Pero siempre con calma y entre risas.

Traducido al inglés, francés, italiano, alemán y portugués, admirador de William Faulkner, Fitzgerald, Hemingway, e igualmente de Kafka, Musil, Gogol y Dostoievski, Piglia admiraba el género policial.

“Croce vino a encarnar una fórmula narrativa que yo estaba buscando: la idea de un comisario que resuelve muchas cosas por intuición, por casualidad, sin seguir todos los pasos de un protocolo de investigación”, afirmó Piglia a la revista argentina Ñ tras la publicación de Blanco nocturno. Era el regreso a la novela luego de 13 años. El título fue ampliamente elogiado. Recibió en España el Premio de la Crítica y el Premio de Novela Dashiell Hammett. Además de el Premio Casa de las América José María Arguedas.

“Piglia ocupa un lugar muy alto en la literatura. Ha heredado la desconfiada inteligencia de Borges, su incansable y gozosa exploración de la literatura y su atracción por los oscuros bajos fondos”, apuntó el diario británico The Independent.